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Los invito a leer Génesis 2 y 3. Para el fin de este artículo iré citando los versículos en los que me apoyo para llegar a las conclusiones que expresaré a continuación.

Génesis 2: 15-17 Elohim* le da una orden al hombre. La mujer conoce esa orden: Génesis 3: 2-3. La serpiente que es astuta, argumenta con la mujer acerca de los motivos por los cuales Elohim prohibe comer de ese fruto. El enfoque no está dado en si Eva debe o no desobedecer a Elohim, sino en argumentos sobre los motivos de Elohim para esa prohibición: Génesis 3: 4-5. La mujer no se plantea que si come del árbol está desobedeciendo, ella sopesa la argumentación que le parece correcta, ve que el fruto es apetitoso y come; además de darle a su marido, el cual no se resiste diciendo: no, Elohim dijo que no comamos de este fruto: Génesis 3: 6-7. A la luz de estos versículos, siempre entendimos que el pecado de Adán y Eva por el cual el hombre debe ganar el pan con el sudor de su frente y la mujer parir con dolor, fue la desobediencia. Es cierto que ellos cometieron ese pecado, pero leamos los versículos siguientes: Génesis 3: 9-19. Elohim increpa a Adán ¿Qué habría querido Elohim que él respondiera o cuál habría sido la mejor actitud de Adán? Me atrevo a responder que el arrepentimiento. Probablemente algo así como: Eva me ofreció del fruto y yo no me negué sabiendo que vos nos lo habías prohibido, comí de ese fruto y ahora me siento muy mal por haberte desobedecido. Elohim increpa a Eva ¿Qué habría querido Elohim que ella respondiera o cuál habría sido  la mejor actitud de Eva? Una vez más me atrevo a responder que el arrepentimiento. Algo así como: la serpiente me dijo cuáles eran tus motivos para que no comiéramos, a mí me parecieron tan lógicos sus argumentos y el fruto tan bueno, que no me planteé que te estaba desobedeciendo. Sé que hice mal y lo siento de verdad. Ninguno de los dos actuó así, sino que le echaron la culpa a otro. Ahora bien, Elohim no le dio ninguna oportunidad a la serpiente, sino que directamente la maldijo. Es decir que a Adán y a Eva  les dio una oportunidad que ellos no supieron aprovechar.

     La humanidad arrastra hasta el día de hoy ese mismo pecado, el de no arrepentirse y buscar siempre un culpable. Cuando un niño le pega a otro, si uno le pregunta por qué lo hizo dirá: es que él empezó, o él me quitó mi juguete, etc. Jamás reconocerá que actuó impulsivamente y que hizo algo que no estaba bien. Si una pareja se separa, casi siempre la culpa la tiene el otro o su familia, y así con cada asunto de nuestra vida. Solemos creer que muchas de las cosas que nos pasan son consecuencias de nuestros actos, para bien o mal. Y seguramente es así, pero sin duda muchas cosas (sino todas) son consecuencia de nuestra capacidad o incapacidad de arrepentirnos. Seguramente las consecuencias de nuestros actos no serán las mismas si somos capaces de arrepentirnos de nuestros errores y obramos en consecuencia.

 

*D´s.

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