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Carmiel, Israel 05/07/18

     Querdia Vos:

hoy te estaba pensando y me dieron ganas de decírtelo. Quizá no te importe que yo te tenga en cuenta. Por algunas cosas tuyas que leí en Internet, sé que te soy indiferente. No te importo, tal vez incluso me hayas olvidado. Nos teníamos de contacto en Facebook, aunque hace mucho que no hablamos.

Cuando vivía en Argentina compartimos muchas cosas juntas… Contaste conmigo para tantas cosas… Y yo te consideraba mi amiga. A vos te conté cosas que no le conté a cualquiera. Sin embargo, pese a todo ese bagaje que nos une, cuando te contaron mentiras sobre el país que me recibió con los brazos abiertos y que adopté como propio, no te acordaste de mí. Sencillamente no se te ocurrió hacer algo tan sencillo como escribirme, pedirme mi versión, escuchar la otra campana. Elegiste creer sin dar lugar a la menor duda todo lo que te contaron. No te alcanzó con eso, sino que te formaste una opinión llena de odio que compartiste públicamente. Mientras lo hacías no pensaste en mí, no me tuviste en cuenta, no te importó clavarme en el medio del pecho una afilada y dolorosa espada. Te aconsejaría que renueves su hoja, porque aunque está afilada, el hecho de que sea del Medioevo la ha corrompido con mucho óxido.

Sé que esta carta suena a reclamo, y sin embargo no lo es. Más bien es la exteriorización del dolor para evitar que se me enquiste. Porque no quiero parecerme a vos y llenarme de odio. Es por eso que aprovecho para decirte algo que quizá te sorprenda: aunque me hayas olvidado, aunque no te importe lastimarme, así y todo yo aún te quiero mucho. Pareciendo incluso tonta ante tus ojos y a los de otros que llenándose de odio se creen muy piolas. Así que, como soy así de tonta, aquí estoy para cuando me necesites. Siempre que esté en mis manos podrás contar conmigo. Y no te preocupes por la herida de la espada, tengo experiencia en cicatrizar heridas.

Con cariño

Cindy.-

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