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No voy a hablar con conocimientos que no poseo, por ende no presentaré estadísticas ni utilizaré términos técnicos desconocidos para la mayoría de los usuarios. Escribiré desde el lugar de una persona común, habituada a moverse en Internet y las redes sociales, especialmente en Facebook.

Antes de empezar a utilizar esta red social, no quería saber nada de ella. Entré porque me mandaron tantas invitaciones a mi correo privado, que pensé que si me abría una cuenta me dejarían tranquila al fin. Poco a poco lo fui conociendo, me fui adaptando y aprendí a aprovechar sus beneficios. También encontré que era cómodo para el ocio, para encontrar viejas amistades y parientes con los cuales había perdido contacto y para darme a conocer como fotógrafa y escritora. Por aquel entonces, si bien no era una fortaleza, era bastante seguro. Pero nada dura para siempre.

Con el tiempo, Facebook se fue haciendo cada vez más vulnerable. Gente que hacía cuentas gemelas, invitaba a tus contactos como si fueras vos y hacían publicaciones que vos jamás habrías hecho. Empezamos a ser más prudentes con quiénes veían las fotos de nuestros hijos y sobrinos,  tener más cuidado con quiénes aceptábamos de contacto y a tener actualizada nuestra configuración de la red social, tratando de atender a las recomendaciones de seguridad.

Pero la vulnerabilidad de este medio de relaciones sociales ha ido en aumento. Aplicaciones que jamás hemos usado, publican en nuestro nombre con fotos y nombres de nuestros contactos, les envían mensajes privados y si hacen click infectan sus computadoras con malware. Lo último es un video, con un título impreciso de letras y números y la foto de perfil del usuario. Como comentario coloca como etiqueta los nombres de contacto de dicho usuario.

Hay varias opciones a seguir, más allá de blindar nuestras computadoras con toda clase de antivirus que actualizamos a diario. Podemos no usar Facebook nunca más, con lo cual perderemos las ventajas que sí tiene, desconfiar de todo el mundo y no responder a ninguna etiqueta más, denunciar a Facebook esta situación (lo cual ya he hecho por mi parte) o decidir no clickear más en ningún enlace a menos que sea un medio absolutamente conocido y confiable para nosotros (que también lo estoy haciendo).

Llegó el momento de extremar precauciones y recuerden que más allá de los virus, los más vulnerables en este mar de Internet, son nuestros niños y jóvenes. Es con ellos con quienes debemos estar más atentos.

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-La mayoría de los virus en Facebook se disfrazan de amigos y parientes que conocemos y en quienes confiamos, mostrando una imagen irreal de inocencia. © Todos los derechos reservados.-

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