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     Como dice una canción que muchos conocemos y que es del tiempo de mi adolescencia, si no anterior incluso: todo tiene un final, todo termina. Y la exposición llegó a su fin. En el transcurso hemos vivido muchas y enriquecedoras experiencias, conocido gente nueva e hicimos nuevos amigos. Nos llevamos nombres para buscar en Facebook, direcciones de correo electrónico y abrazos que nos llevamos puestos.
     Quisimos aprovechar la mañana. Era nuestro último día en Valencia y deseábamos ir a ver una exposición de cuadros de Picasso que nos habían recomendado.    Lamentablemente, esa exposición terminó el domingo. En su lugar vimos otras dos en el mismo edificio, una colección de pintores, valencianos en su mayoría y otros de otros lugares de España y Europa en general. La colección se llama Llandró. Nos gustó muchísimo. No se podía sacar fotos. En el piso de arriba había una exposición de jazz. La mayor parte de lo expuesto eran fotografías de jazzistas famosos. Algunas de las fotos no eran gran cosa, pero otras me dieron ganas de buscar más información sobre esos fotógrafos.
     Volvimos a la pensión sólo para buscar las cosas y nos fuimos a Burjassot. Pensamos en quedarnos unos minutos e irnos a comer, cuando vino un señor a ver la exposición. Me puse a charlar con él, fue muy agradable hacerlo y me extendí más de lo planeado. Poco después de que nos fuimos a buscar dónde almorzar, por lo que supe luego, llegaron dos amigas a la exposición con la idea de vernos y darnos un abrazo. Me dio mucha bronca habernos cruzado y que los abrazos quedaran truncos. Una de ellas me dejó un hermoso comentario sobre las fotos que me emocionó. Quiero creer que pronto tendremos una nueva oportunidad, quizá en Israel.
     La mayoría de la gente estuvo a la mañana, o alrededor del medio día. Alrededor de las 15:00hs. nos fuimos a pasear, porque la exposición estaba cerrada desde esa hora hasta las 17:00hs. Fuimos a conocer un parque muy lindo del que nos habían hablado. Tenía una vía pequeña de tren, por donde evidentemente pasará algún tren infantil que no vimos. Mi esposo quiso seguir su recorrido, para ver dónde terminaba. Daba la vuelta al parque, por ende nosotros también. Mientras, yo iba sacando fotos.
     Volvimos a la exposición. mi marido se quedó por el camino, en una peluquería porque ya no se aguantaba más la melena. Yo me fui a esperar. La mayoría de la gente llegó cuando ya estábamos por desarmar la exposición o incluso mientras lo estábamos haciendo. Durante ese tiempo vino  una pareja que conocimos ayer. Él es pintor y además de cuadros, pinta abanicos a mano. Conforme un arreglo que habíamos hecho, cambiaríamos una foto por un abanico. Me trajeron 4 para elegir, de varilla. Cuando los vi no ponerse de acuerdo respecto a qué foto llevarse, cada uno había elegido una diferente, les propuse cambiar dos abanicos por dos fotos y aceptaron. Nos sacamos fotos juntos y, abrazos mediante, nos despedimos.
     Ahora armaremos las valijas una vez más. Madrid y más amigos nos esperan, también Les Luthiers. El final del viaje se acerca y yo tengo una mezcla de sentimientos tan grande que siento como si mi corazón fuera una gran ensalada. Ya queda poco, un par de días más y ya no escribiré más bitácoras, los dejaré tranquilos. Mientras, seguiré disfrutando con la misma intensidad que hasta ahora.

Valencia, España, 04/03/2016 a las 23:31hs.

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