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     El sábado 27 empezó con una decepción. Fuimos temprano a la estación de tren de Sants para sacar pasajes a Valencia a donde volveremos el martes a la mañana y a Lleida a donde iríamos hoy. Pero resulta que los fines de semana, no se venden pasajes anticipados. Con cierto sabor a fracaso, nos fuimos a recorrer los alrededores.
     Para ir a la estación tomamos un autobús. En la parada del bus indica cuánto falta para que venga ¡¡¡Y cumple!!! El pasaje cuesta el doble que en Nahariya y el letrero indicador de paradas, no funcionaba. Lo bueno es que una pareja muy amable nos orientó y nos avisó dónde bajar. Además, mi esposo anda siempre con el mapa a cuestas y se maneja de maravillas con él. Yo me dejo guiar.
     Los alrededores de la estación son muy interesantes. Encontramos muchas curiosidades que, Elohim* mediante, verán en las fotos a mi regreso. La zona me pareció hermosa. De ahí nos fuimos caminando a Pza. Espanya. De un lado, hay unas columnas muy interesantes, y detrás de ellas, a bastante distancia, un edificio que creímos una catedral y luego nos enteramos que era un museo. En el medio una escultura y enfrente una ex plaza de toros que ahora es un centro comercial. La fachada es muy interesante y linda.
     Decidimos entrar, teníamos curiosidad y pensamos que sería un buen lugar para almorzar, puesto que supusimos que como todos los centros comerciales, tendría un patio de comidas. Subimos hasta la última planta, donde hay una terraza circular y desde donde se ven unas vistas maravillosas de Barcelona. Todo alrededor, hay también restaurantes. Los precios, carísimos. Hasta que encontramos uno que nos pareció razonable y entramos. Nos atendieron tan bien y la comida era tan rica, que merece ser recomendado. Lástima que no recuerdo el nombre y que no encuentro la tarjeta que nos dieron.
     No sólo la comida resultó riquísima y el camarero muy amable y paciente, si no que, como se retrasaron con el postre, nos obsequiaron con una copa de cava a cada uno. El lugar también es muy lindo y tiene muy buen ambiente.
     Terminado el almuerzo, y como cabía esperar, fui a fotografiar las vistas. Luego volvimos caminando al hotel. El plan era descansar un poco y ni hablar de ingerir la más mínima cosa hasta la noche. Es que para cenar, habíamos quedado ya con un grupo de personas. Se trata de un grupo de locas lindas, hermosas, que conocí a través de Facebook y algunos de sus maridos más dos bellísimas niñas. Estas preciosas damas y yo, somos parte de un grupo de mujeres argentinas en el mundo.
     Una de ellas, hizo la reservación con tiempo. Terminamos siendo 15 personas y no pudieron venir todas las que querían. Fue una noche maravillosa, donde pude ponerle cara a mujeres que había tratado y conocía de manera virtual. Para muchas de ellas fue un esfuerzo venir y las que no pudieron mandaron mensaje. Todo lo valoro, valen oro cada una.
     El domingo 28 tomamos el tren a las 9:20 para Lleida. El viaje de poco más de una hora se me hizo brevísimo. En la estación nos esperaba Silvia Schnessel. Una dulce de leche que nos fue a buscar con su auto. Con ella hemos recorrido Lleida, Mont Blanc y volvimos a Lleida a visitar su castillo.
     El camino a Mont Blanc nos deparaba una sorpresa inesperada. Una niebla bastante espesa en la que nos adentramos con el auto y nieve a los costados del camino. Una experiencia impresionante e inolvidable. Me encantó, parecía una niña con el entusiasmo que tenía, el cual no perdí durante ninguna parte del paseo.
     En Mont Blanc almorzamos en un restaurante que se supone judío, pero de tal sólo tiene el nombre. También este lugar es recomendable: por atención, por comida, por comodidad y aspecto. Los platos estaban tan lindos presentados, que hasta les sacamos fotos. Además, la zona era inspiradora. Por donde miraba había algo interesante y hermoso.
     El castillo de Lleida, no sólo es hermoso el edificio (que lamentablemente sólo pudimos ver por fuera), si no las vistas que ofrecía. Todo me asombraba, todo me parecía increíble y maravilloso y Silvia se sorprendía de los detalles a los que les prestaba atención. Es que había cosas que no podíamos dejar de mirar.
     Luego de otro pequeño recorrido por la ciudad, Silvia nos llevó a la estación de tren. Allí nos sacamos unas fotos juntos, nos tomamos unos cafecitos y nos despedimos. Con mi marido estamos muy agradecidos. Sabemos que si no hubiera sido con ella, no habríamos tenido la oportunidad de vivir estas experiencias tan lindas y conocer esos lugares maravillosos.
     Una vez más, el descanso en el hotel se nos hizo necesario, pero fue breve. Nos fuimos a conocer el barrio Gótico. Tengo la esperanza que de día nos muestre una cara más amable. De noche asusta un poco. Mañana veremos si podemos volver a un horario más razonable. La curiosidad del lugar: un restaurante casher** (no cenamos ahí, los precios son altos) que tenía el menú también en hebreo.
     Mañana nos despediremos de Barcelona. Y sé que aún nos quedarán muchas cosas por ver y gente que visitar. Pero una nunca sabe, quizá pronto pueda volver.

Barcelona, 29/02/2016 a las 01:16 hs.

*Elohim: Dios.
**Casher: apto conforme a las reglamentaciones rabínicas basadas en la Torah, respecto a la alimentación.

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