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     Si alguien lo desea, siempre puede encontrar algo de lo cual quejarse. Pero si lo hiciera sería injusta, porque la verdad es que desde el aeropuerto Ben Gurión hasta el aeropuerto Barajas, todo ha sido bastante liso y llano. Cuando estábamos esperando para abordar, casi no había gente. Fuimos los segundos en subir. El resto tardó en llegar al avión y eso nos dio tiempo    a guardar nuestro equipaje de mano sin apuro ni inconvenientes. Las tres azafatas y el azafato eran españoles, por lo cual no tuvimos problema alguno con el idioma. Salvo por el hecho de que me costaba reaccionar a que podía comunicarme en español e insistía en hablarles en hebreo a los pobrecitos.

     La llegada fue un placer. Facilidad para llegar al área de las valijas y encontrarlas en seguida, fue maravilloso. En cuanto llegamos al hostal comprobé el estado de las fotos, llegaron muy bien, para mi alivio. Luego nos fuimos a cenar, pero no paseamos mucho, porque estábamos muy cansados.

       Hoy amanecimos tempranito. A las 8 de la mañana ya estábamos arriba, preparándonos para salir. Desayunamos maravillosamente y nos fuimos caminando a la estación Atocha para sacar los pasajes de tren para ir a Valencia el lunes. Tanto el camino como el lugar donde se encuentra la estación son hermosos e interesantes. Hacía menos frío del que me esperaba y había un sol radiante. Volvimos caminando y, previo paso de unos pocos minutos por el hotel, nos encontramos con una pareja de amigos. Dos españoles maravillosos, cultos, amenos, muy simpáticos y de hermoso corazón. Con ella hablamos de historia, sabe mucho y me explicaba qué era cada lugar, qué pasó allí y en qué época. Tanto de Madrid como de Toledo. Con él hablamos de literatura, nos regaló una de sus novelas (es escritor) y nos la dedicó. Conoció a Cortázar (a quien siempre admiré) personalmente y es un placer escucharlo hablar de él. Empezamos a hablar de cómo escribir una novela, pero no pudimos profundizar, y no porque yo no quisiera, sino porque no nos dio el tiempo. Con ellos tomamos café, fuimos a un mesón español y volvimos a tomar café. Caminamos michísimo y disfrutamos tanto que es indescriptible. Ya quedamos para volver a vernos. Hasta me tuvieron paciencia con las fotos y salvo el último café, no nos dejaron pagar nada, ya nos desquitaremos cuando vayan a Israel.

El día aún no ha terminado. Yo siento que estoy viviendo un sueño, aún no me lo creo. Veremos que nos espera mañana, ya les contaré entonces.

 

Sábado 20-02-2016 Madrid, España.

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