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Los titulares, originalmente, deben tener un objetivo: que el lector tenga una idea de qué va a hablar la nota que encabeza. No hace falta ser periodista para saberlo, todos aprendimos eso en la escuela primaria. Actualmente, esa intención es secundaria. Lo principal es llamar la atención del lector a cualquier precio, incluido el amarillismo.

Al no haber realizado una estadística, no me atrevo a hablar de mayoría. Pero en base a muchos comentarios que leo a los pies de muchas notas periodísticas, me atrevo a pensar que hay un alto porcentaje de gente que sólo lee los titulares. Y eso es peligroso, muy peligroso. Sea por pereza o falta de tiempo, son muchos los que al no tomarse el trabajo de leer el cuerpo de la nota, se quedan con una información falsa o por lo menos insuficiente par entender la realidad. No es raro que el cuerpo de la nota termine contradiciendo el título, el cual podría tratarse de la extracción del dicho de alguien que supuso lo que luego se comprobó que no era así.

En Guerra en Internet he advertido sobre el peligro de utilizar las imágenes como fuente de información. En El Grave Error de la IDF, comenté sobre cómo se ha manipulado la información para hacer creer a la gente la versión que los terroristas palestinos daban a la prensa. Hoy advierto sobre el riesgo de quedarse sólo con los titulares, una herramienta tan importante como las fotografías para ayudar a manipular la información con la que la mayoría de la gente se quedará.

No sería justo cargar toda la responsabilidad sobre los medios de información y sus trabajadores. Cada uno de nosotros somos responsables de qué información consumimos y cómo lo hacemos. En la medida en que cada uno empiece a reconocer sus propios errores y actúe en consecuencia, lograremos mejorar al menos nuestra propia vida.

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