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Siguiendo con la saga de historias de las peculiaridades de las distintas ciudades de Israel*, hoy es el turno de Tzfat (Safed).

Tzfat es una ciudad muy pintoresca e interesante para visitar, sobre todo para quienes amamos el arte. Hay muchísimas galerías artísticas con estilos para todos los gustos. A hora y media en autobús desde Nahariya, parece el paseo ideal para pasar el día en familia.

     Desde la ventanilla del micro, observé poco antes de llegar, un hermoso bosquecito preparado para hacer pícnic. Lástima no haberlo sabido antes. Si hubiera conocido bien la zona, habría ido preparada para almorzar allí con mi familia. Desconocía entonces por completo, que los habitantes de Tzfat no tienen por costumbre comer en restaurantes, ni siquiera de comida rápida. De comida acelerada sí, porque había unos pocos locales de paso donde se puede comer de pie.  Pero era una salida familiar, deseábamos sentarnos en un lugar donde además de ingerir alimentos, pudiéramos conversar entre los cuatro cómodamente. Además, por causa del calor, buscábamos un lugar con aire acondicionado. Pues descubrimos que además de lo antedicho, los tzfatianos no sufren el calor. Eso lo supimos al ver que casi no se veían acondicionadores de aire en las casas y que los pocos restaurantes que vimos para comer de pie, estaban todos con las puertas abiertas. Y explica que muchos religiosos fueran caminando con abrigadísimos sombreros de piel.

Luego de mucho buscar y andar, encontramos un lugar que parecía ideal para nosotros, se llamaba Art Cafe. Tenía unas pocas mesas, una hermosa decoración, un techo extraño y la puerta abierta. Pero al menos logramos nuestro objetivo, sentarnos a almorzar en familia. Si van allí no coman lasagna, mi hijo mayor asegura que no es rica. El resto estuvimos todos conformes y la disfrutamos.

Avisados están y dicen que quien avisa no es traidor: quien quiera pasear por Tzfat debe ir o al restaurante mencionado o a hacer pícnic. Y no olviden el ventilador portátil.

*Ver Locura Haifense y Pelados del Mundo, Venid a Nahariya.

Éramos los únicos comensales.

Éramos los únicos comensales. 

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