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    Mi marido afirma que la mayoría de mis cuentos empiezan siempre con un sujeto tácito y, quizá por rebeldía o por romper la monotonía (que no la paciencia) he decidido variar y empezar mi historia con un sujeto definido al que le pondré nombre. Sin embargo, quizá por capricho o burla a mí misma, he decidido que mi personaje se llame Tácito.

    Tácito no era invisible, pero lo parecía, pasaba por la vida de los demás de una manera tan poco notoria que muchos hubieran sido capaces de asegurar que Tácito no existía y hasta que eran los padres. Pero no era cierto, era tan de carne y hueso como usted o como yo. Medía 1,70 metros, pesaba 75 kilos, rubio, con algunas canas tempranas teniendo en cuenta sus 32 años. Graduado como ingeniero agropecuario y sin haber ejercido nunca su profesión, Tácito se sentía fracasado. Era soltero, porque ninguna mujer notaba su existencia. No tenía amigos, vivía completamente solo y a veces dudaba de sí mismo y de que valiera la pena seguir viviendo. Pero seguía adelante, imbuido en un mundo de fantasías que él mismo se había inventado y que día a día iba creciendo de tal forma que llegó a creerlo más real que su propia vida.

    En ocasiones, la luz del amanecer puede parecernos implacable, a Tácito le pasaba casi siempre y se despertaba muy lentamente, con pesadez, como si no tuviera más remedio. El lunes 25 de abril del 2005 no fue una excepción. Se sentó a tomar mate al lado de la ventana, preguntándose una vez más para qué seguía vivo y aferrándose como tantas otras veces a su mundo imaginario mientras miraba fijamente la espuma de la yerba. No podría explicar cómo, y él tampoco, Tácito apareció adentro del mate que resultó ser el mundo que tantas veces imaginó. Allí no pasaba desapercibido, todos lo saludaban con cariño e insistían en que los visitaran en sus casas. Las muchachas más hermosas se desvivían por llamar su atención y lograr su admiración. Al principio estaba fascinado, emocionado y hasta feliz. Pero poco a poco él mismo se fue aislando, sentía que no era él. Y un día, mientras tomaba mate al lado de la ventana, apareció en su casa tomando mate al lado de la ventana.

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