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     Según la Real Academia Española, dentro de las acepciones de PUEBLO, están estas dos que son las que me interesan para el fin de esta nota:

Conjunto de personas de un lugar, región o país.

País con gobierno independiente.

     Conforme a cualquiera de estas dos acepciones, podemos concluir que los ministros y gobernantes de un país, provincia o ciudad, son parte de ese pueblo, pues son miembros del conjunto de quienes viven en una misma región. 

     Cuando se habla de que los políticos gobiernen para el pueblo, se tiene la idea de que se refiere a todos aquellos que no forman parte del gobierno, la chusma. Error grave que cometen la mayoría de los que asumen el poder. Y dije mayoría, porque quiero creer que en algún lugar del planeta existe una excepción. Aunque suene raro, la palabra PUEBLO también los comprende a ellos. El día que los políticos en plenitud entiendan esto, que cuando se gobierna para el pueblo se gobierna para todos; que si el pueblo se beneficia con un buen gobierno también se benefician los poderosos, que todos saldríamos beneficiados, que no hace falta crear y aumentar pobreza para estar bien ellos, que lejos de perder autoridad y dinero ganarían respeto, admiración y aumentarían sus arcas como cada uno de los integrantes de ese mundo… Si se cumpliera semejante utopía y llegara ese día soñado, se acabarían las preocupaciones por el rojo en el banco, por no tener ni siquiera una cuenta que pueda estar en rojo, por los niños que no van a la escuela porque no tienen zapatillas con las cuales salir de su casa, por la falta de agua en el mundo, por el hambre en África, por la desnutrición infantil, por la trata de blancas, por los carteles de la droga, por todo aquello por lo cual los gobiernos dicen pelear pero que avalan, alimentan y apoyan también.

     Soñar con un mundo ideal es posible, incluso podría ir más allá de lo que ya escribí, pero una cosa es ser soñadora, y otra ilusa. Sé que ese día no llegará, porque el egoísmo ciega y no permite ver con claridad, y mal que nos pese, este mundo no lo gobiernan los “países del primer mundo”, lo gobierna el egoísmo. 

     Dicen que soñar es gratis, es posible; pero duele saber que existiendo la mínima posibilidad de hacer bien, haya quienes sólo son capaces de ver sus bolsillos y su propio reflejo en el espejo, nada más. Mientras tanto, quienes somos parte común del pueblo y somos padres, tenemos una enorme responsabilidad. Nos toca dejar de quejarnos y educar a nuestros hijos en el amor al prójimo sin dejarse de amar a si mismos. Para que el día de mañana, cuando alguno de ellos tenga la posibilidad de llegar al poder, (si la tienen) cuando se miren al espejo, puedan ver que alrededor de ellos, en el reflejo, hay mucha más gente.

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