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Silvio Rodriguez escribió una canción que se llama Historia de la Silla. El primer verso dice: “En el borde del camino hay una silla” y el último: “aunque se llene de sillas la verdad. Entre ambos versos menciona otros asuntos. Sin embargo el título y los dos versos que abren y cierran el tema, nos hacen pensar que fue precisamente una silla ubicada en el medio del camino el punto de partida e inspiración para componerla. Y tiene sentido. Yo he sacado una foto en Aco de una silla que daba idea de abandono, que también me encontré caminando por allí. El otro día, andando por la ciudad con mi marido, lamenté estar sin mi cámara al ver un par de sillas tiradas en la calle que llamaron mi atención. No me comparo con el cantautor, por supuesto, porque además el canta mejor que yo (ya pueden imaginarse cómo canto yo entonces); pero creo que es obvio que no fueron las sillas en si mismas las que captaron nuestra mirada e inspiración, sino su ubicación y el aspecto que presentaban. Nunca me sentí atraída por fotografiar una silla en una mueblería, por ejemplo, ni siquiera las de mi casa, a menos que estuvieran ocupadas por alguien. Fueron esas sillas, no otras ¿Podría Silvio Rodriguez haberle escrito una canción a un colchón? Claro que sí, si el colchón tuviera una ausencia o presencia interesante, así estuviera en medio del camino, como la silla, y estuviera lleno de polillas. Alguien que le escribe a un pantalón haciéndole creer a todo el mundo que cree en seres imaginarios o que le canta a las aceitunas puede escribirle a lo que se le de la gana. Pero tiene que llamarle la atención por algún motivo en especial ¿Habría Silvio Rodriguez cantado a su pantalón si no se le hubiera perdido? ¿Habría compuesto una canción mencionando las aceitunas si su amada no fuera tan maloliente?

Los objetos en si mismos son sólo eso, objetos, incapaces por si solos de trasmitirnos nada. Son sus circunstancias las que nos hablan, nos dictan e incluso nos transformas e invaden nuestros pensamientos. De tal forma es así que yo no he podido dejar de pensar en el tema desde el día que vi las últimas sillas mencionadas y esto fue hace dos días. En el trayecto me he encontrado con muchísimos otros objetos y gente, sin embargo sólo esas sillas se incorporaron a mi mente, de forma tal que necesité escribir este divague para que puedan seguir su camino hacia otros derroteros. Ahora podría imaginarme cientos de historias con ellas, pensar que hubo gente cansada que aprovechó su incapacidad de negarse para poder hacer un alto y sentarse. Podría crear historias sobre esa gente, pensar en sus vidas, sus familias y cuál era la meta que pretendían alcanzar el viernes. Pero no, mi mente se centró en por qué me llaman tanto la atención las sillas que se encuentran en el medio del camino y en por qué esa es una de las pocas canciones de Silvio Rodriguez que me gustan.

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