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Cuando mi marido y yo nos casamos, hace ya 22 años y dos días, estábamos muy enamorados. Aunque como en toda pareja debimos afrontar tormentas y trabajar mucho para mantener nuestro barco a flote, nuestro amor se mantiene intacto. A veces parecemos novios. Ayer mi hijo mayor nos preguntó si tantos años juntos no nos aburría. Le explicamos que no. Básicamente, los primeros años de una pareja son para conocerse, profundizar en el conocimiento mutuo y aprender a convivir. Pero con los años, cambia la perspectiva, ya nos conocemos y nos volvemos cómplices. Tenemos códigos en común, gestos que entendemos e interpretamos sólo con mirarnos. Compartimos a veces sólo espacio y otras veces nos complementamos y ayudamos mutuamente. Somos apoyo para el otro y los mejores amigos.

    Sin embargo, y a pesar de lo antedicho, siempre nos olvidamos de nuestra fecha de aniversario. Este año, varios días antes, una amiga nos la recordó, ella conoce nuestros olvidos. Sin embargo, una vez más, el día pasó sin que nosotros lo registráramos. Ayer estuvimos recibiendo el Sábado, como cada viernes, en nuestra comunidad. La costumbre es que las velas de los Sábados sean prendidas por mujeres que han cumplido años esa semana o que festejan su aniversario de casadas. Ayer las prendió una señora a la que quiero mucho y que cada año compartimos el encendido de velas juntas justamente por que tenemos nuestro aniversario matrimonial el mismo día. Ella y su marido cumplen 46 años de casados y basta verlos para saber lo mucho que aún se aman. Cuando ella fue al encendido, me quedé pensando en por qué pasaba ella a hacerlo. Me llevó un tiempo hasta que mi cerebro acusó recibo. Me acerqué a mi esposo y le pregunté en qué fecha estábamos. Luego de verificarla le anuncié que el día anterior había sido nuestro aniversario. Nos reímos, ya es parte de un código compartido esos olvidos.

Ayer, el rabino dijo algo a ambas parejas y le doy la razón, formamos cada uno hermosas familias. Estoy orgullosa de los hijos que tenemos, de lo que hemos construido juntos, del amor que crece, de la relación que hemos llegado a afianzar y crecer en ella. Por eso me cuesta entender por qué siempre nos olvidamos. Supongo que es porque nuestro amor es más importante que cualquier fecha.

Mi marido y yo en nuestra Luna de Miel en Bariloche, Río Negro, República Argentina.

Mi marido y yo en nuestra Luna de Miel en Bariloche, Río Negro, República Argentina.

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