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Alcanzar una meta, cumplir un objetivo, no quiere decir haber llegado. Todo depende de qué es lo que queremos alcanzar y a qué nos referimos con llegar. Cuando uno cumple una meta, se plantea luego otra. Quien llegó, y por supuesto es mi opinión, es quien cumplió su última meta y su vida ya no tiene un propósito de ser.

Plantearse metas es soñar despierto, es creer que aún hay mucho camino por delante y mucho por andar. Es saber que siempre podemos aprender algo nuevo, enfrentar desafíos diferentes, conocer gente, ampliar horizontes. Una vida sin plantearse nuevas metas es una vida vacía, sin gracia, sin interés.

Tener metas no tiene que ver con la edad. Tampoco se relaciona con la situación económica, el nivel cultural o el país en el que vivimos ni la religión que profesamos. Depende de tener clara la diferencia entre estar muerto en vida o querer vivir. Pues si bien cumplir con un objetivo es algo maravilloso, no lo es menos el camino para tratar de lograrlo, por muchos escollos que tengamos en el medio y nos lleve el tiempo que nos lleve (en algunos casos son años) y no siempre lo logremos. Miren si no a Moisés, llevó al pueblo hebreo 40 años por el desierto, esperando alcanzar la meta de introducirlo en la Tierra Prometida. El pueblo, la nueva generación, lo consiguió, pero él no.  Sin embargo el tuvo la maravilla de poder dialogar con D´s, y aunque a veces se sintió agotado por la responsabilidad y el peso, tuvo honra y fue un gran líder. Y no desmayó, aunque a veces necesitó que hubieran quienes le sostuvieran los brazos, se mantuvo firme hasta el final en busca de cumplir su meta.

Hay veces que en ese camino nos sentimos solos, pero la verdad suele ser que miramos mal. Tantas veces hay manos extendidas a nosotros que no vemos… También es cierto que la comodidad no es buena consejera y en ocasiones necesitamos poder salir de la cueva, buscar aquella persona que consideramos confiable y pedir ayuda, decirle que los brazos se nos están cayendo y que la necesitamos para levantarlos y no perder la batalla.

A medida que vamos andando, muchas veces se nos abren bifurcaciones y debemos elegir por dónde seguir. En definitiva, siempre depende en gran parte de cada uno porque somos nosotros quienes decidimos en cada momento y optamos por lo que creemos mejor para alcanzar la meta deseada. Y aunque nos mareemos y demos muchas vueltas, indefectiblemente en el camino aprendemos y crecemos y eso es lo más importante, no estancarse.

Plantearse metas no es algo que se hace sólo a comienzo del año o no debería ser así, si no que a medida que vamos viviendo vamos renovando nuestros propósitos, mejorando nuestras ideas y abriendo la mente a nuevos sueños. Deseo no para hoy, si no para siempre, que nunca dejen de soñar ni bajen los brazos.

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