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    No sé qué es eso de la mediana edad, suena a una edad por la mitad, sin desarrollo, sin madurez, sin muchas cosas de las cuales no se carecen a los 40 años. La mediana edad no existe. Llamar a los 40 el comienzo de la mediana edad, suena a que las mujeres que llegamos a esa edad nos falta algo. Yo soy una mujer completa, en constante cambio porque busco mejorar cada día, pero entera. He atesorado en mis 44 años muchas experiencias que no han sido en vano, quiero creer; y he aprendido algo de cada cosa que me ha tocado vivir. Todo ese bagaje lo completo desde siempre, no a partir de mis 40, y lo voy rellenando cada día porque sé que cuando llegue mi tiempo, será la mejor herencia que podré dejarle a mis hijos y los nietos que pueda llegar a tener.

    Cuando estaba por cumplir los 40 me sentía espantada (en realidad cada cambio de decena me ha espantado, pero creo que este ha sido el que más me asustó). Sentí que estaba envejeciendo inexorablemente. Creo que en algún lugar interno, muy remoto, tenía la fantasía de que al momento de cumplir los 40 se me iban a notar por todos lados y que sufriría una transformación total. Pero no fue así. Cumplí la edad fatal y no pasó nada de nada. Es más, al día siguente de mi cumpleaños no había notado ningún cambio, todo se me veía igual, por dentro y por fuera, incluyendo mi entorno. No me transformé en rana, no se me llenó la cara de arrugas, ni empezó mi vida nuevamente como por arte de magia como intenta hacernos creer una famosa frase creada por algún acomplejado. Yo seguí siendo yo, con mi mismo rostro y emociones, con mis conocimientos que seguí enriqueciendo cada día y la misma familia y los mismos amigos a los que amo, con mis temores y mis dudas, con mis certezas, mis aciertos y mis fracasos, con mis logros y mis ilusiones, con mis retrocesos y mis objetivos, con todo, yo, yo misma, la del día anterior y la del anterior a ese día. 

   Hoy estoy a mitad de camino entre los 44 y los 45. Y he hecho más cambios este año que hace cuatro años atrás, cuando cumplí la edad tan temida. Bajé y sigo bajando de peso, comencé a estudiar (¡a mi edad!), me he metido en proyectos, he creado mi propia empresa que por ahora no está en marcha (aunque tampoco abandonada) y he logrado vencer obstáculos, temores y barreras. Pude perdonar lo que creí que nunca lograría perdonar. Todo este año, un año pleno de cambios a una edad en la que no se habla que eso pase. A los 40 no me pasó nada, al menos nada muy distinto a los que venía pasando. Y junto con todos estos cambios, se me marcaron más algunas líneas de mis facciones y las patas de gallo. Alguien dijo hace poco que son marcas que nos salen a quienes nos reímos mucho. Me quedo con eso y me amigo con ellas, porque me gusta reír y lo seguiré haciendo siempre. Marquemos juntos las patas de gallo, ríamonos juntos y perdamos el miedo a la edad, que no es mediana, es completa con todo lo que eso implica.

   Hoy firmaré un compromiso conmigo misma. Ya no temeré cumplir años. Seré feliz cada 15 de febrero compartiéndolo con quienes amo y agradeciendo tenerlos a mi lado, recordando a los que ya no están con amor y sonrisas y pensando que dejaré millonarios a mis hijos con tanto que tengo para trasmitirles.

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-Foto tomada por mi hijo menor. © Todos los derechos reservados.-

5 de noviembre de 2013

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