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Muchos, y por distintos motivos, criticamos al actual gobierno argentino. Cada motivo es válido, como válidas son las razones de los que la apoyan. Para mí el mayor problema de Cristina Fernandez de Kirschner es su incapacidad de empatía que muchos profesionales relacionan con la psicosis.

     Dicen que las mujeres somos más sensibles que los hombres, que nos emocionamos fácil y lloramos por cualquier cosa. Algo de cierto hay en eso. El viernes escuché a mi hijo mayor tocar el piano, me emocioné y lloré. Ese mismo día, durante el servicio religioso del shabat (sábado) cantamos una canción que hemos cantado muchísimas otras veces, pero el viernes lloré al cantarla, como lloré cuando el rabino nos contó el origen del día de la mujer. Pero este último llanto tuvo más que ver con la empatía, con sentir el dolor del otro más que con la emoción.

      El domingo lloré de nuevo, cuando el Rabino Ángel Kreiman Brill que dio una charla para nuestra keilá nos contó que su mujer murió en el atentado de la AMIA, que estuvo una semana yendo a la morgue a reconocer “los pedazos del cuerpo” de su mujer, que dio las gracias de que el tronco estuviera prácticamente entero, porque al menos la pudo enterrar y no fue a una bolsa de plástico para ser enterrado en una fosa común como lamentablemente le pasó a muchos otros. ¿Quién puede no llorar ante ese relato, contado de una manera que demuestra que aún duele? También dijo que ante la opción de enojarse con Elohim (D´s), él prefirió apoyarse en Él. Miré a mi alrededor mientras no podía contener las lágrimas y aunque a los hombres no se les veía llorar con tanta claridad era notorio que estaban afectados.

     Hoy hablábamos del tema con una amiga que estuvo el domingo en la charla dada por el rabino. Recordé que cuando fue lo de AMIA yo estaba embarazada de 5 meses, que me enteré por mi mamá primero y por la tele después que dos amigas mías murieron en el atentado. Son esas amigas a las cuales la vida misma te separa, porque cada una toma por su propio camino, pero que una las guarda de manera muy especial en un rincón del corazón sin que el cariño por ellas se extinga. ¡¡¡Qué impotencia sentí por no poder ir a remover escombros por causa de mi embarazo!!! ¡¡¡Qué dolor siguió a la incredulidad!!! Y es que costaba creer que algo así había pasado. ¡¡¡Eran tan jóvenes las dos!!! Y otra vez, al contarlo, lloré.

    Mientras habemos quienes todavía tenemos la herida abierta, quienes aún no podemos dejar de sentir el dolor de la pérdida de un ser querido cuya vida fue arrancada con tanta brutalidad, mientras habemos quienes no podemos dejar de sentir empatía y llorar cuando otro cuenta el dolor vivido, la presidente pacta con los cómplices de los responsables del atentado, sin importarle que muchos, como el mismo rabino manifestó, sientan que les están matando por segunda vez a sus seres amados. Ella no llora, no sufre, no le importa el dolor que causa, sigue adelante a pesar de todas las voces (voces de su propio pueblo que dicen NO, eso NO).

    Mientras los que gobiernan al pueblo no entiendan que ellos DEBEN representar al pueblo (de eso se trata la democracia) y no a sus intereses personales, en tanto no les quede claro que ellos son empleados del pueblo y no el pueblo sus lacayos, la verdadera democracia será una utopía y la justicia social y legal brillará por su ausencia. Menos mal que al menos aún nos queda la justicia de Elohim.

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12 de marzo del 2013

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