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    Una pareja de árabes musulmanes tradicionalistas que se encontraban de paso en la ciudad de Nahariya se vieron obligados a ingresar en el refugio de un edificio al ser sorprendidos en la calle por una sirena. En el lugar se encontraron con un judío religioso y un muchacho que se encontraba sin sus padres. Al haber una sola silla y ver la mujer musulmana que el judío religioso pretendía sentarse, comenzó a increparlo a la voz de judío asesino y judío invasor. La señora a los gritos reclamaba que esa silla debía ser para su marido y que él no tenía derecho alguno sobre ella. Al ser consultado el muchacho nos ha contado que los dos hombres casi llegan a las manos y que la silla había sido llevada por el judío religioso directo desde su casa. Afortunadamente, el problema no llegó a mayores y no hay víctimas que lamentar.

      Este relato, acompañado por la foto que ve usted al pie de esta nota, podría haber sido publicada en cualquier medio informativo en los que usted confía. ¿Cómo no va a creerles? Se trata de un medio serio, un periodista de muchos años de profesión y para más detalles, una foto prueba que el hecho fue real. Usted no es una persona crítica, no se ha tomado el trabajo de saber si hay otros medios que se hayan hecho eco de la nota, no se ha preguntado por qué no cuentan cuándo sucedio, ni se ha fijado en que ya hace muchos días que no hay sirenas en Nahariya. Usted no vive en Israel, quizá ni siquiera tenga idea de dónde está ubiacada la ciudad, menos sabrá sobre el tema de las alarmas. Usted tampoco es muy observador, no se ha detenido demasiado en la foto, a simple vista, para usted es creíble. Es usted una buena persona y se indigna por la noticia, por ende se ocupa de hacerla circular por todo Facebook con el comentario siguiente: si para esa mujer era tan importante que su marido se sentara (quizá estaba enfermo, pobrecito) qué le costaba al judío cederle la silla en vez de pelearse con ellos. A pesar de ser usted una buena persona, de eso usted mismo está convencido, no se plantea en ningún momento la reacción desmedida de la mujer, sus insultos (probablemente le de usted la razón) ni el hecho de que no se esté quejando por la falta de caballerosidad al no darle el asiento a la única mujer presente.

     Ahora digamos que es usted un lector crítico, y sí duda de la nota a partir de algunos de los ítems marcados más arriba o de otros que usted mismo pudiera discurrir. Así que busca que la foto le de los datos de la información que a usted le faltan o necesita corrobar. Si no es usted una persona muy observadora, detallista o simplemente no tiene usted buena vista, puede ser que la foto termine de convencerlo de la veracidad de la misma. Así que también la hace circular por Facebook, quizá no con un comentario tan parcializado como en el primer caso, pero ya está siendo compartida por decenas de sus amigos quienes tienen otros amigos que también la compartirán y muchos a los cuales les llegue serán gente como el señor bueno e ingenuo del que ya hemos hablado. 

     Pero supongamos que, además de ser usted un lector crítico, es usted muy observador. No está seguro qué es, quizá sea una relación de tamaño entre los personajes y el lugar y entre sí; pero además de hacerse varios planteos sobre la nota, se pregunta usted sobre la veracidad de la foto. Recuerda que tiene entre sus contactos a un fotógrafo y a un diseñador gráfico. Les manda de forma privada la nota y les pide su opinión. El fotógrafo le habla desde el punto de vista de la luz. Sospecha que al menos la pareja musulmana y el muchacho han sido agregados con Photoshop a la foto, pues parecerían haber sido fotografiados en el exterior. Su amigo diseñador también le responde. Le dice que el hombre judío no estaba originalmente en la foto, no fue recortada su figura con precisión ni se ha trabajado en los bordes de su figura. Como es usted una persona de buena fe y le indigna que se trate de engañar a la gente de esa manera, usted hará circular la nota con la foto, mientras llama a sus contactos a no dejarse engañar. No todos sus contactos tienen tan buena fe como usted, algunos quitarán su comentario y harán circular la nota a su vez. Otros tan indignados como usted, la harán circular con su advertencia y llegará a todo tipo de gente.

     En los tres casos, se ha conseguido el objetivo inicial del periodista y el fotógrafo, la nota y la imagen ya están siendo divulgadas. La guerra mediática ha empezado.

MIKLAT

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18 de julio de 2014

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