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     EL PROBLEMA NO ES QUE MIENTAS, EL PROBLEMA ES QUE TE CREO. Ricardo Arjona.

El verdadero problema no es que la prensa internacional mienta, ni que Hamás mienta y sepa aprovechar la inclinación natural del mundo contra los judíos a través de la propaganda engañosa, ni que Israel se haya dormido durante mucho tiempo en su deber de contar la otra campana a los medios. El problema real, serio y enorme, es la mentalidad occidental y contra eso, nada podemos hacer. Es esa mentalidad, la que hace que se puedan creer las mentiras.

      Me di cuenta ayer, mientras hablaba con un amigo de Facebook y luego hoy me pasó algo similar. No sé cómo no lo noté antes, estaba siempre tan claro, en cada charla, en cada discusión, en cada análisis sobre este conflicto (incluso en aquellos a favor de Israel donde se trata de hacer entender que nos defendemos), estaba tan a la vista… El tema es que todos lo que discuten, charlan y analizan, lo hacen con una mentalidad occidental. Pretender analizar esto como si los terroristas o incluso los oprimidos gazatíes, tuvieran una mentalidad occidental, es un error. Hasta el proceso de razonamiento, sus bases cuando piensan, sus motivaciones y valores, son otras, muy diferentes a las de Occidente.

     No pretendo, por supuesto, lograr que alguien trate de razonar desde otro lugar, me conformaría con que acepten la incapacidad de entender este conflicto. Incluso y sobre todo a Israel. La mayoría de los países occidentales, ve a Israel como si fuera un pedazo de occidente dentro de Medio Oriente y por eso tal vez le reclama y lo juzga como si fuera uno de ellos que se ha salido de sus cánones. No voy a discutir ahora el tema de que quizá Israel sea mucho más humanitario que la mayoría de los países que nos acusan. Pero sí creo firmemente que se equivocan en su visión sobre Israel. Dentro de los países de la zona, es quizá el que más se acerca a la mentalidad occidental, no hay quien lo dude, pero tiene mucho de oriental también. La diversidad cultural enorme que hay acá, la integración de las diversas culturas, la influencia de cada una de ellas, ha logrado que Israel tenga una mente más enriquecida y diferente a la vez. Tiene una especie de ensalada que lejos de crear confusión, le ha dado a Israel unas características propias muy especiales, únicas y diferente al resto del mundo.

     Es a partir de entender esto, que ciertas reacciones de quienes vivimos acá cuando no logramos hacernos comprender, toman otra magnitud ante mis ojos. Quizá siempre en el fondo muchos de nosotros sabíamos que ese era el problema, pero no de manera consciente. Por eso, cuando sentíamos que todo lo que explicábamos era en vano es que terminábamos muchos invitando a quienes no entendían a venir a Israel e ir a Gaza. Creo que sentíamos que esa era la única forma de lograr que comprendan ¿sólo por ver de cerca, por vivir la realidad del problema? No, quizá en realidad teníamos le ingenua idea de que estando aquí una temporada, viviendo lo mismo que nosotros, nos entenderían.

     Pero seamos sinceros, cuánto tiempo nos llevó a cada uno de nosotros adaptarnos a Israel. A algunos más que a otros, pero no ha sido nunca de la noche a la mañana. Para hacerlo debimos entender primero que no podíamos pretender que ellos se adaptaran a nosotros, éramos nosotros quienes debíamos adaptarnos a ellos y luego la comprensión de que la mentalidad israelí no es ni mejor ni peor que la nuestra, si no distinta. Ayer me puse contenta, aunque cueste creerlo, por no entender. Significa que logré adaptarme bastante bien. Y es que me costaba comprender cierto punto de vista de quien analizaba el tema occidentalmente.

     Hay muchos motivos para ser feliz por vivir en Israel, más motivos que para preocuparse o sufrir. Eso tan especial que tiene el israelí y que mencioné antes, hace que me enamore de esta tierra y esta sociedad cada vez más. En apariencia el israelí es fuerte, no se dobla fácilmente ni se quiebra, obtuso incluso en algunas ocasiones, lo que quizá le ha ayudado a ser tan perseverante. Pero por dentro es tierno, es dulce, es amoroso y muy solidario. Sufre con el sufrimiento de los demás, aunque lo veamos reaccionar valientemente y con eficacia ante desastres propios y ajenos. Pero es esa fortaleza, que estoy convencida que le dio Elohim, la que lo ha ayudado siempre a mantenerse en pie.

     No nos entiendas si no podés, yo sí entiendo tu incapacidad porque fue la mía antes de venirme, pero si no podés entendernos, al menos sé honesto con vos mismo, reconocé tus limitaciones y no nos juzgues.

CORAZÓN ISRAELÍ.-

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5 de agosto de 2014

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