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“…cuando usted me mira no me ve a mí. ¿Qué es lo que ve entonces?” Foco de Arthur Miller.

     265 páginas. Voy por la 233 y lo empecé ayer. Claro, con algo de trampa, pues eran las 4 menos cuarto de la mañana y hubiera seguido leyendo si mi marido, una vez más, no me hubiera hecho notar la hora. Debo decir que al principio me parecía un poco aburrido, quizá por el estilo, pero me alegro de haberme auto impuesto su lectura. Un libro muy diferente a todo lo que leí hasta ahora y aunque el tema es recurrente a muchos otros libros que he leído, el antisemitismo, está encarado de una forma tan distinta que me impactó. Todo gira alrededor de un personaje que no es judío, incluso es antisemita, sin embargo a partir del momento en que se ve obligado a ponerse lentes, el aspecto de su cara se transforma de tal manera que le da apariencia de judío. El hombre es tomado como tal y por esa causa sufre las consecuencias de muchos otros judíos: pierde el trabajo, es menospreciado por sus vecinos y amigos, arrojan el contenido de su contenedor de basura sobre el pasto de su casa, etc. Aprende a vivir con temor, siente que ya no pasa desapercibido y empieza a tener que controlar y cambiar conductas habituales en él y que podrían ser vistas bajo los tópicos que pesan sobre la comunidad judía. Su vida cambia por completo y él mismo vive una transformación interior. La verdad, impresionante.

Me recordó a alguien que una vez, al enterarse que yo era judía, me dijo: pero no tenés cara de judía. Tiempo después se lo conté a alguien con el mayor de los asombros y ese alguien me respondió: pero es verdad, no tenés cara de judía. Ya desde entonces me planteaba qué cara sería esa y por entonces me preguntaba cómo podía juzgarse o señalarse a alguien por los rasgos de su rostro. Este libro me revivió aquellas vivencias y algunos otros dolores sufridos, pero no con tristeza, si no con reflexión.

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8 de agosto del 2010

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